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Trabajadores organizan cajas de rosas de exportación para celebrar el día de San Valentín, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, el 9 de febrero de 2022.
Trabajadores organizan cajas de rosas de exportación para celebrar el día de San Valentín, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, el 9 de febrero de 2022.STRINGER (Reuters)

La reactivación marcha a todo vapor. La economía colombiana ha dibujado un rebote vigoroso, en forma de V, y creció un 10,6% en 2021, tras desplomarse un 7% en 2020 por los estragos de la pandemia, de acuerdo con los datos oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), divulgados este martes. Ambas cifras son históricas. El del año pasado es el mayor incremento del producto interior bruto (PIB) en el país al menos desde que la autoridad estadística lleva los registros, en 1975.

Ese sorprendente crecimiento estuvo empujado por el sector del comercio, transporte, alojamiento y servicios de comida, así como la industria manufacturera, la administración pública, salud y educación, explicó en una rueda de prensa Juan Daniel Oviedo, director del DANE. La entidad también detalló su corrección a la baja de las cifras del PIB para el 2019, que pasó de 3,3% a 3,2%, y para el 2020, que revisó de -6,8% a -7%, en lo que Oviedo calificó como “el momento de contracción más fuerte de la historia contemporánea de la economía colombiana”.

Antes de la pandemia, Colombia solo había terminado un año en negativo en el último medio siglo (1999). Su economía se ha distinguido por una resiliencia que le ha permitido seguir creciendo incluso en medio de grandes crisis, como la de 2008-2009.

El Gobierno del presidente Iván Duque, sediento de buenas noticias para capotear una prolongada crisis de popularidad en un año electoral, había anticipado la víspera un crecimiento de dos dígitos, sobre la base de las proyecciones del Ministerio de Hacienda. El mandatario mencionó una cifra por encima del 10,2 %, e incluso lo celebró como “el mayor crecimiento económico de nuestra historia republicana”. Sus declaraciones, en medio de una gira por Europa, despertaron críticas por no esperar a las estadísticas oficiales.

“Esta reactivación ha tenido presente el apoyo a los más vulnerables”, defendía el presidente Duque en una reciente entrevista con EL PAÍS. “También hemos tomado medidas para mantener el poder adquisitivo de los trabajadores: a lo largo de mi presidencia el aumento real acumulado del salario mínimo ha sido del 11,6% frente al 11,3% de los ocho años del Gobierno anterior y del 9,7% de 2002 al 2010. Eso muestra que el crecimiento ha tenido equidad”, sostenía el mandatario.

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Antes de conocer las cifras oficiales, ya el Fondo Monetario Internacional (FMI) había destacado el mes pasado la recuperación colombiana, a pesar de haber rebajado las expectativas para el conjunto de América Latina. En la región, el crecimiento de Colombia solo está por debajo de las proyecciones actuales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para Chile (12%), y se ubica por encima de Argentina (8%) o México (5,9%).

“La economía colombiana se ha recuperado de manera notable, y se prevé que sea una de las economías que más crezca en América Latina”, señaló la semana pasada Mathias Cormann, el secretario general de la OCDE, al presentar un estudio económico sobre el país sudamericano. “Las autoridades colombianas adoptaron unas políticas sólidas y bien definidas como respuesta a la pandemia que han allanado el camino a nuevas reformas estructurales para conseguir un crecimiento sostenible”, añadió. La OCDE también actualizó sus proyecciones para Colombia, y espera que crezca 5,5% en el año 2022, y 3,1% en 2023.

Los observadores coinciden en que en ese horizonte casi idílico se asoman al menos dos oscuros nubarrones: el desempleo y la inflación.

La tasa de desempleo, el tradicional talón de Aquiles de una de las economías más estables de América Latina, se disparó por encima del 20% tras las primeras arremetidas de la pandemia en 2020, en medio de las medidas de confinamiento más estrictas decretadas por el Gobierno para contener el coronavirus. Desde entonces, aunque el empleo ha repuntado, lo ha hecho a un ritmo más lento que la actividad económica. El año pasado cerró con una desocupación de 13,7%, una reducción frente al 15,9% de 2020. La tasa de informalidad para 2021 alcanzó 48,4%.

Las preocupaciones también apuntan a la inflación, que alcanzó 5,6% el año pasado –la mayor en cinco años– e impacta con particular crudeza a los más vulnerables. El aumento de la canasta básica la sufren sobre todo las personas con menor poder adquisitivo, y la inflación colombiana se explica en gran medida en el alza de los precios de los alimentos y las bebidas no alcohólicas, que rozó el 20% en el último año. Algunos productos se han disparado, como la papa (140,16%) o la carne de res (34,86%). La inflación de enero, de 1,67%, no ha hecho más que alimentar los temores. El gran desafío sigue siendo que las buenas cifras del PIB se trasladen a todas las capas de la sociedad.

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