Tras haberse quedado dos años con la miel en los labios, Francia tomó este sábado posesión del trono del rugby del hemisferio norte. La mejor selección del momento ganó su primer Seis Naciones desde 2010 y lo hizo por la puerta grande, superando a Inglaterra, el eterno rival que le abofeteó 44-8 en 2019, y llevándose el Grand Slam, el pleno de victorias. Era una noche de todo o nada para Les Bleus, pues solo la victoria evitaba que la brava Irlanda, triunfadora ante Escocia a media tarde, se llevara el torneo. Sin margen de error, la generación de Antoine Dupont, el genio bajito que se ha erigido en el mejor jugador del mundo, deja su impronta de cara al Mundial que organizará el próximo año.

Fiel a la costumbre, Francia golpeó primero. Jaminet estrenó el marcador tras la primera falta inglesa en la melé. Acto seguido, con los ingleses achicando, Ntamack abrió las compuertas con un pase largo al flanco derecho para el ensayo de Fickou, uno de los que ha penado la travesía en el desierto de la pasada década, la de una selección plomiza, física y previsible. En cuarto de hora, 8-0 y el público cantando La Marsellesa.

La Inglaterra en transición de Eddie Jones no permitió el festín galo y mantuvo la entereza defensiva. Pero la ecuación a resolver era cómo desarbolar a la granítica muralla gala, orquestada por el asistente galés Shaun Edwards, con unos recursos creativos escasos. El colmillo lo puso Francia, un ejemplo de letalidad. Volvieron a asociarse los artífices del primer ensayo; Fickou continuó la acción con una virguería antes de ser placado y Ntamack, ese 10 que ha brillado sin la presión de ser un mesías, un lastre que ha arruinado a muchos aperturas galos, empujó a los ingleses junto a su línea de marca para que Cros terminara la tarea y estirara el marcador antes del descanso (18-6).

Inglaterra volvió a la contienda gracias al juego al pie de sus zagueros, tanto el titular, Joe Marchant, como el reconvertido a ala, Freddie Steward. Ese bombardeo aéreo sorprendió a Jaminet, que se ha adueñado del puesto de zaguero por eficacia en los tiros a palos frente a otras carencias, y Steward encontró hueco en el flanco derecho para ensayar. De repente, el XV de la Rosa estaba a cinco y llamando a la puerta. En esas, Fickou, omnipresente en el encuentro, volvió a robar un balón clave en defensa. Superado el susto, Dupont destapaba el tarro de las esencias: acelerón marca de la casa y un ensayo que brindaba un final tranquilo.

No hubo premio para Irlanda, que cuajó los mejores registros de un segundo clasificado con el formato de punto bonus: ganó todos sus partidos con punto ofensivo por anotar cuatro ensayos y logró un punto defensivo por el escaso margen de su derrota en París. Un torneo tan parejo se decide por pequeños detalles y el XV del Trébol lamentará no haber buscado el ensayo en aquel partido cuando perdía de seis y decidió conformarse con los tres puntos en busca de una segunda oportunidad que nunca llegó.

La delantera irlandesa superó (26-5) a Escocia en Dublín, con ensayos de todo tipo. Dan Sheehan, una de las figuras de futuro, emergió del maul, la plataforma que tan brillantemente crean los irlandeses tras poner el balón desde la banda. Cian Healy, veterano de la vieja

guardia, embistió junto a la línea de marca tras el traqueteo de sus compañeros. Van der Flier exhibió capacidad de aceleración en una jugada que parecía rota tras un placaje escocés que había echado para atrás a sus compañeros. Y en la última acción del choque, Conor Murray, el medio-melé de la última década que ahora cumple como suplente, se coló en la diezmada retaguardia rival para asegurar el punto bonus.

Italia también esperó a la última acción del partido en Cardiff para lograr un triunfo histórico (21-22). Su primera victoria en territorio galés corta una racha de 36 derrotas seguidas en el torneo, desde que ganase en Edimburgo en 2015. Los italianos mantuvieron la delantera de un duelo de baja anotación presionando la posesión galesa y canjeando entre palos la sangría local de golpes de castigo. Con todo, Gales tomó la delantera con un ensayo de Josh Adams. La magia italiana llegó en el epílogo con una aceleración de Ange Capuozzo, que rompió con dos quiebros eléctricos a la defensa galesa antes de regalar a Eduardo Padovani un ensayo sanador que legitima la silla de Italia en el torneo.

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