Una imagen de Puerto Ordaz. / REUTERS
Una imagen de Puerto Ordaz. / REUTERS
Los hospitales que no cuentan con plantas eléctricas propias ven cómo algunos pacientes mueren por no poder suministrarles la diálisis

Los primeros días de marzo están siendo una calamidad para los venezolanos, no ya para los que eligieron salir del país, sino para los que están dentro. Tanto para los partidarios del régimen chavista que controla Nicolás Maduro como para los resistentes que intentan poner fin a una situación tan grave como llena de incertidumbre, liderados por la palabra de Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, que está dispuesto a decretar hoy el «estado de alerta nacional», al tiempo que invitaba a las fuerzas militares a que estuvieran alerta a los anuncios que hará en las próximas horas «porque llegó el momento de dar el paso».

Tres días sin luz lleva Venezuela. Prácticamente desconectada del mundo. Sus ciudadanos están viviendo el peor mes de sus vidas. A la falta de medicamentos y de alimentos se ha añadido la incomodidad de estar 72 horas sin suministro eléctrico. La luz va y viene en algunos sectores. Pero muchos venezolanos no pueden comunicarse con sus familiares que viven en otros estados o que están fuera del país. No hay agua, ni luz. La comida se pudre y las panaderías han empezado a regalar el pan que habían producido para que no se pierda. Sufren los enfermos que están en los hospitales que no tienen planta eléctrica. El sábado se anunció que habían fallecido diecisiete pacientes a los que no se pudo suministrar la diálisis correspondiente. El transporte no funciona. Las colas para llenar el tanque de gasolina de los autos son kilométricas en un país que durante un tiempo fue llamado ‘la Venezuela saudita’.

La situación como pueden imaginar toca al desespero. Es verdad que los humanos suelen echar de menos lo que no tienen y no valoran lo que tienen. Hoy en día en Venezuela la luz eléctrica ha pasado a ser un producto indispensable que está instalando el caos en el país. La inseguridad ha ido en aumento y ya se están produciendo saqueos en algunos comercios: «Es como un canibalismo», define Manuel Castillo, que sufre cada día porque no puede comunicarse con sus familiares. «La bolsa de hielo la venden en cuatro dólares (tres euros y medio) y para recargar el celular (móvil) cobran por la media hora de carga», añade. «Lo triste es que la esperanza es Guaidó y vemos como pasan los días y no se concreta nada».

La cruda realidad lleva a algunos medios de comunicación que todavía se publican en Venezuela a convertir en noticia temas como «estos son los medicamentos que se pueden mantener sin refrigeración». O a muchos ciudadanos que están fuera del país a colocar vídeos en las redes sociales de cómo recargar los móviles con una batería de 8 voltios.

Marcha a la capital

Las movilizaciones del 9-M tuvieron un gran éxito. En ellas, Guaidó obtuvo un espaldarazo. El presidente de la Asamblea Nacional Venezolana mantiene la idea de llevar a toda la población a Caracas. No quiere violencia, sino una manifestación pacífica que «ahogue al usurpador de Miraflores». Pide que el pueblo salga cada día a la calle. Desea que todo el mundo se entere que el país está contra Maduro. «Esta catástrofe hay que resolverla. Y usted tiene derecho a protestar, tiene derecho a salir a las calles y exigir sus derechos», manifestó Guaidó desde los Jardines del Palacio Legistativo.

El presidente interino de Venezuela también lanzó un llamado a las fuerzas militares: «Señores militares, atentos mañana también a los anuncios, atentos a las instrucciones, porque llegó el momento de dar el paso».

Al cierre de esta edición se supo que fuerzas de acciones especiales impidieron que médicos y periodistas entraran al Hospital J. M. Ríos de Caracas, donde los pacientes querían denunciar la situación que se está viviendo. Aprovechando el Día del Médico, los trabajadores de salud marcharon con una pancarta que decía ‘Solidaridad’ después de asistir a una misa en la iglesia de La Candelaria. Maduro, mientras tanto, felicitaba a los médicos e insistía en que el sistema eléctrico había sido objeto de múltiples ataques cibernéticos.

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