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Aitor Retolaza se abraza a su predecesor como alcalde de Alcobendas, y socio de gobierno, Rafael Sánchez Acera.
Aitor Retolaza se abraza a su predecesor como alcalde de Alcobendas, y socio de gobierno, Rafael Sánchez Acera.Santi Burgos

La ultima oferta llega en el Yellow Cab, un restaurante de Alcobendas (Madrid) con aires estadounidenses. Allí, entre luces de neón amarillas y banquetas estilizadas, se citan para un café el líder de Cs en el municipio, Aitor Retolaza, y el del PP, Ramón Cubián. Su ciudad, una de las más vibrantes de la Comunidad de Madrid, vive un momento crítico: despunta el verano y ha llegado el momento de que el PSOE cumpla con el pacto para gobernar de 2019 y ceda la alcaldía a Cs, tras dos años de gobierno. El PP ve una oportunidad. Y según Retolaza, en esa cita se explicita por tercera vez una oferta y una amenaza política: o renuncia al bastón de mando, traiciona a Cs y al PSOE, y permite que la formación conservadora llegue al poder a cambio de ocupar la vicealcaldía seis años (los dos de legislatura que quedan, y los cuatro de la siguiente), o se atiene a las consecuencias.

—Ya sabes la oferta de venirte con nosotros. Si no, te voy a hacer una oposición muy dura—, viene a decir Cubián, según relata el representante de Cs.

—¿Es una amenaza?—, contesta Retolaza.

—No es una amenaza, es una realidad, habría dicho Cubián, según esta versión.

Todo se destapa el pasado jueves, durante el pleno del Ayuntamiento de Alcobendas. Allí, herido por las críticas del PP, Retolaza denuncia en público y en sede parlamentaria que la formación conservadora le garantizó ocupar la vicealcaldía de la ciudad durante seis años si apoyaba una moción de censura de los populares para hacerse con el poder. Una acusación que el PP rechaza y niega, pese a la contundencia de la intervención del regidor.

“Seguramente no sea tan bueno como me decía usted hace cinco meses, ni tan malo como ahora quiere indicar”, arranca Retolaza su intervención, que se dirige hacia Cubián, con todos los ediles del Ayuntamiento de Alcobendas como testigos. “Hace cinco meses, debería ser muy bueno, ya que le ofreció a todos mis compañeros un puesto, e incluso a mí me ofreció la vicealcaldía si me iba con usted”, sigue sobre las semanas previas a su llegada al Consistorio, en cumplimiento del pacto con el PSOE. “¿Ahora soy malo y antes me quería de vicealcalde?”, le pregunta. Y remata: “Además me decía: ‘¿Qué prefieres ser? ¿dos años alcalde, o seis vicealcalde?’ Me lo planteó usted, ¿soy tan malo? ¡Si me ofreció seis años! ¡No dos! ¡Me ofreció seis! Creo que es una falta de respeto hacia sus compañeros y hacia los vecinos, porque hay una ley de transfuguismo que no se debe saltar”.

¿Es eso cierto? ¿Ocurrieron así las cosas? ¿Se vieron tres veces los dos políticos, recibiéndose mutuamente en sus casas respectivas ya desde inicios de este año y rematando los encuentros en aquel restaurante a principios de verano? ¿Le ofreció Cubián a Retolaza, de 39 años, ser su vicealcalde durante seis años, con más de 70.000 euros brutos de sueldo por cada uno de ellos?

Una conversación coloquial

“No. En absoluto”, contesta el representante del PP en conversación telefónica con este diario. “Eso es una tergiversación de la realidad. No se hizo ningún ofrecimiento formal. En esas tres conversaciones hablamos de muchas cosas, no de una cuestión específica”, asegura Cubián. “En una conversación coloquial [se mencionó que] si Cs no tiene futuro, si tú prefieres trabajar con el PP desde la coincidencia política básica [que a su juicio tienen los dos partidos], eso indudablemente abre perspectivas de futuro (…) Si quiere futuro más allá de dos años, tiene que trabajar con el PP”, desarrolla.

Las conversaciones no solo retratan el tenso ambiente que preside desde hace meses la vida política de este Ayuntamiento madrileño de 118.000 habitantes. También resumen un movimiento telúrico que afecta al conjunto de la política española.

Con el gancho de las malas perspectivas electorales de Ciudadanos, que muestran todos los sondeos, el PP está intentando absorber a sus cargos como primer paso para atraer a sus votantes, cerrando así una de las vías de agua abiertas en su electorado —la otra es la de Vox—.

Para culminar con éxito ese asalto, la formación conservadora ha fichado a Fran Hervías, el hombre que diseñó la expansión nacional de Cs en 2015, devorando kilómetros con su coche por toda la península. Cuenta, también, con la estrella de Isabel Díaz Ayuso, que fagocitó por la vía de los hechos a su antiguo socio de gobierno en las elecciones del 4-M. En consecuencia, Cs es una organización que lucha por su supervivencia, y que en Madrid lo ha fiado todo a la lealtad de sus cargos y a las complicidades que sea capaz de generar Begoña Villacís, vicealcaldesa de la capital de España.

“Sabíamos que el PP había intentado tocar a todos nuestros concejales de Alcobendas, pero no exactamente qué se les ofrecía”, resume un colaborador de la referente madrileña de Ciudadanos. “El PP está tocando a la gente de Cs”.

Partida de ajedrez

Dentro de esa gran partida de ajedrez, Alcobendas ofrece al PP la oportunidad de asestar un golpe clave, sin tener que esperar siquiera a que lleguen las elecciones municipales y autonómicas de 2023.

Todo ocurre en verano. El control de la ciudad, una de las más pujantes de la Comunidad de Madrid, se pone en juego. En junio se cumple el plazo para que el PSOE ceda a Cs el poder, en cumplimiento del pacto de gobierno que firmaron las dos formaciones tras las elecciones de 2019. Y se empiezan a vivir episodios turbulentos, más propios de una serie de Netflix, tipo Borgen o Baron Noir, que de un municipio madrileño.

Primero, Miguel Ángel Arranz, el político de Cs destinado a ocupar la alcaldía, es degradado sin previo aviso, ni explicación oficial. Luego, el PSOE, que tiene la alcaldía en la persona de Rafael Sánchez Acera, se mantiene en silencio mientras crece la tensión y no queda claro si cumplirá con su parte del pacto. Finalmente, el PP maniobra para recuperar la alcaldía, según denuncia Retolaza.

La oferta es tentadora. Ante las malas perspectivas electorales de Cs, Retolaza podía elegir entre ser dos años alcalde, y quizás quedarse sin sueldo público tras las próximas elecciones, o vivir esta legislatura y la siguiente al completo como vicealcalde, para un total de seis años garantizados como concejal.

“No me importa”, asegura Retolaza sobre la posibilidad de que se quede sin acta en los próximos comicios por la crisis de su partido. “Vengo del sector privado”, recuerda. “No he venido a la política para quedarme”, afirma. Y remata: “Si no entro [en el Ayuntamiento] en 2023, me volveré a la parte privada. Prefiero trabajar bien, cumplir con mi palabra, que buscar un sillón. El sillón me da igual”.

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